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Universidades a mais?

14/04/2009

Quem ler o título do Diário de Notícias até pode ser levado a crer que essa afirmação se baseia em algum estudo.

Afinal não. Afinal é apenas um desabafo do Prof. Luciano de Almeida, ex-Presidente do CCISP, Vice-Presidente do mesmo, mas aparentemente o homem que fala pela estrutura. O dado que Luciano de Almeida nos apresenta é a comparação do número de instituições por milhão de habitantes em Portugal, 17, e em Espanha, 7.

Ora, seria um bom indicador se Espanha estivesse bem servida de Ensino Superior. Mas Espanha, tendo algumas universidades muito interessantes, tem também uma rede que concentra estudantes em Universidades demasiadamente grandes. Questione-se um dirigente da Universidade de Barcelona ou da Complutense acerca das dificuldades de gestão de uma instituição de 90 mil estudantes, e conclua-se que não parece o assunto esgotado por aí.

Os EUA, são muitas vezes tidos como um farol no ensino superior, pouco para o meu gosto uma vez que ao lado das super-universidades surgem chafaricas que eu não recomendaria ao meu pior inimigo. Mas se quisermos, podemos comparar aí as mais de 3000 instituições de ensino superior para cerca de 305 milhões de habitantes. E aí teremos uma noção de sobre dimensionamento da nossa rede em número de instituições.

Mas isso é um indicador definitivo? Qual o número de vagas oferecido? Qual a dimensão das suas unidades orgânicas? Qual o número de edifícios (ou área dos mesmos) por estudante? Qual a taxa de abandono? Qual a percentagem de estudantes que saem com uma formação (equivalente a uma licenciatura)? É que podemos chegar à conclusão que não há grande diferença, ou seja, que não é por aí que o gato vai às filhoses.

É claro, que nesses países o estudante do superior não vale menos no orçamento do que o do secundário, como se vai passando por cá. Nem há um abandono escolar tão obsceno quanto em Portugal. Nem um nível de iliteracia tão alto. Nem uma percentagem de licenciados tão baixa.

Por outro lado, não me parece correcto colocar-se a questão em termos de a rica Espanha não se dar a despesas a que nos estamos a dar, pelo motivo simples de a fonte da riqueza ser precisamente o investimento em capital humano que nos falta e que temos que fazer para lhe acompanhar o passo. Pense-se na Finlândia dos anos 80 e 90…

Tenho uma grande fé na reorganização da rede por motivos de eficiência e não redundância, mas estou certo de que uma rede mais difusa tem a vantagem de chegar a mais públicos, tem um efeito democratizante maior, e é mais capaz de recuperar populações que nunca tiveram acesso ao ensino superior para a qualificação terciária.

É uma questão de fé, é uma questão ideológica, mas também é uma questão de não tentar aproveitar um momento de crise para fazer passar uma agenda expansionista de um punhado de instituições contra o interesse geral da sociedade, que em última análise é a quem se destina qualquer política de ensino superior.

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Bolonha segundo Savater

07/04/2009

(artigo publicado no El Pais de 30 de Março de 2009, intitulado Perguntas sobre Bolonia, e aqui deixado através de um comentário de um leitor na entrada fracasso de Bolonha)

1. Las autoridades del Ministerio y de muchas universidades españolas tienen gran empeño en defender -aunque más con eslóganes publicitarios que con argumentos- las bondades de los objetivos del plan Bolonia. Naturalmente, nadie puede estar en contra de promover la compatibilidad de las titulaciones y la movilidad de los estudiantes, de facilitar a estos últimos su inserción en el mercado laboral europeo o de transformar nuestras universidades y volverlas más atractivas para captar estudiantes de otras partes del mundo. ¿Pero es eso lo que previsiblemente se va a producir una vez culminado el proceso de Bolonia? ¿No se les ha ocurrido pensar a nuestras autoridades que una cosa son los efectos deseados y declarados de una determinada política y otra sus efectos reales?

2. El hecho de que algunas carreras universitarias, y no precisamente marginales -como Medicina, Arquitectura y diversas ingenierías “clásicas”-, hayan quedado fuera del proceso y se las haya privado, en consecuencia, de lo que se anuncia como grandes bienes para las otras, da qué pensar. ¿Acaso los anteriores objetivos no son de aplicación a los futuros médicos, arquitectos e ingenieros? ¿Será quizás que alguien ha considerado -lo que no dejaría de ser un alivio- que hay ciertos riesgos que no conviene correr? ¿O será simplemente que hay algunos gremios que siguen contando con una considerable capacidad de presión?

3. Resulta bastante curioso que la homogeneidad que pretende lograrse en el ámbito europeo vaya a hacerse a base de exacerbar la heterogeneidad entre los diversos planes de estudio (para las mismas titulaciones) de las diversas universidades españolas. ¿Son conscientes, las autoridades ministeriales y los rectores, de cómo se están elaborando los planes de estudio en la mayoría (por no decir en la totalidad) de las universidades públicas españolas? ¿Era eso lo que se pretendía cuando se decidió dar libertad total a las universidades a la hora de configurar titulaciones y de diseñar planes de estudio?

4. Fuentes enteramente fidedignas aseguran que no; que lo único que pretendió el ministerio con esa (irresponsable) decisión fue evitarse problemas. ¿Pero no resulta extraño que políticos de ideología socialista no fueran conscientes de los riesgos de semejante desregulación? Y, en todo caso, a la vista de lo que ha pasado con las políticas de desregulación en el ámbito económico y financiero, ¿no sería conveniente aplicarse el cuento en relación con las universidades? ¿Es tan disparatado pensar que la codicia con que ha obrado tanta gente en el mundo de las finanzas tiene un pendant bastante exacto en el deseo de no perder o de aumentar su poder por parte de los numerosos mandarines universitarios?

5. La aplicación que se está llevando a cabo de la Declaración de Bolonia en muchos países europeos se aleja en aspectos importantes de lo que está ocurriendo en España. Por ejemplo, tanto Francia como Italia, Alemania o Reino Unido -o sea, los países cuyas tradiciones jurídicas solemos tener como referencia- han renunciado a estar en el sistema de Bolonia por lo que se refiere a la carrera de Derecho. ¿Habrá que advertir quizás a estos países del gran error que están cometiendo? ¿O será que se han dado cuenta del hecho elemental de que los estudios de Derecho tienen un carácter marcadamente nacional, de manera que tiene escaso sentido hablar aquí de homologación de estudios? ¿Y no ocurrirá algo parecido en relación con otras titulaciones pertenecientes al campo de las ciencias sociales o de las humanidades?

6. Es casi imposible no pensar que lo que la reforma de Bolonia va a producir en un futuro inmediato, con la sustitución de las licenciaturas por grados, es justamente una degradación de los estudios y de las titulaciones; o sea, los graduados de mañana sabrán menos que los licenciados de hoy y tendrán un título que les abrirá menos oportunidades laborales. ¿O alguien cree que por arte de birlibirloque, aun contando con el concurso de pedagogos y psicólogos, lo que antes se aprendía en cinco años va a poder ahora asimilarse en cuatro? Quedan, claro, los estudios de posgrado, pero ¿cuántas universidades estarán en condiciones de ofrecer títulos de master “competitivos en el mercado laboral”? ¿De verdad se cree que va a ser tan fácil, desde el punto de vista económico, acceder a ellos como hoy lo es acceder a una universidad pública? ¿Han pensado los rectores de muchas, de la mayoría, de las universidades públicas las consecuencias que va a tener la conversión de sus instituciones en colleges (como se sabe, en Estados Unidos, los colleges son centros de educación que, aun siendo universitarios, están a mitad de camino entre nuestras universidades y nuestros institutos de enseñanza media)? ¿Es eso lo que quieren?

7. El gran avance en los métodos de enseñanza que, se supone, significa Bolonia no es otra cosa que una imitación del modelo estadounidense. No cabe duda de que algunas de las universidades de ese país constituyen centros de excelencia en cuanto a la investigación y a la docencia y que, por lo tanto, tiene pleno sentido tomarlas como modelo. Lo que ocurre es que cualquiera que conozca mínimamente esas universidades sabe que la excelencia se debe a los medios de financiación con que cuentan y a otros factores “subjetivos” como la calidad de los estudiantes, la dedicación de los profesores y la “cultura institucional” (que haría imposible, por ejemplo, que pudieran aprobarse titulaciones y planes de estudio como los que se están elaborando en nuestras universidades). ¿Cree el ministerio que todo ello se va a conseguir a golpe de Boletín Oficial del Estado y como simple efecto de “la sana competencia entre universidades”? ¿Ignora, por ejemplo, cómo se están confeccionando -con qué “seriedad”- los apartados “metodológicos” de los planes de estudio?

8. La Declaración de Bolonia fue un mero compromiso que no vincula jurídicamente a los Estados y que se está aplicando de manera muy desigual en los diversos países europeos. A la vista de que es cuando menos plausible que la rápida culminación del proceso en nuestro país puede ocasionar daños graves e irreparables, ¿no sería razonable establecer una moratoria, con independencia de que quienes la están pidiendo desde hace algunos meses sean o no estudiantes “antisistema”?

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

fracasso de Bolonha

01/04/2009

Um dos ditos mais divertidos sobre o Processo de Bolonha é sem dúvida aquele atribuído a Alberto Amaral quando afirmava que o Processo era como o Viagra dos Ministros incapazes de implementar as suas reformas.

O Processo, ou a promessa dele, serviu para tudo. Para encurtar anos às formações, para responsabilizar o estudante pela sua empregabilidade, para fazer os estudantes e as suas famílias pagarem as partes finais das suas formações (agora remetidas para um 2º ciclo), para harmonizar calendários escolares, para promover a reforma curricular, para reformar as práticas pedagógicas.

Como todas as panaceias, Bolonha tem costas largas e um pouco o espírito da banha da cobra. Para tudo serve, em nada resolve.

Infelizmente, como Gonçalo Xufre referia em referência do Diário de Notícias deste sábado, Bolonha constituiu para a maioria do ensino superior português uma oportunidade perdida.

São muitos os exemplos das incompreensões em relação aos objectivos do Processo e são também muitas as razões que os detractores invocam para combater esta tentativa reformista. Podemos referir-nos ao artigo do último número da Ensino Superior, em que Nuno Crato cola o bolonhês ao eduquês. Podemos apresentar os exemplos anedóticos daquela professora que dizia aos alunos que com Bolonha deixaria de dar aulas, pois passariam estes a fazer todo o trabalho, ou a escola que arranjou um esquema em que aluno que deixasse mais de 20 ECTS por fazer num determinado ano só se poderia inscrever, no ano seguinte, nas unidades curriculares do mesmo ano curricular (num exemplo de como se conseguem manter velhos hábitos com novas linguagens e mesmo assim dizer: “É Bolonha!”).

Hoje, todos percebemos que o método de transição de um paradigma para este não foi o mais conseguido. A forma burocrática e apressada com que se fez a transição dos milhares de planos de estudo para planos de estudo bolonheses gerou precipitações, incompreensões e essencialmente a vontade de fazer o mesmo de sempre mas com outra roupagem.

Na maior parte das instituições Bolonha foi uma operação de cosmética. Os métodos permanecem os mesmos, os actores permanecem os mesmos, os estudantes apresentam-se-nos igualmente impreparados para uma aprendizagem profunda e autónoma.

Bolonha apresenta-se-nos uma oportunidade perdida.

Universidades de Ciências Aplicadas

23/03/2009

Em finais do ano de 2004 criou-se informalmente a rede europeia de universidades de ciências aplicadas (http://www.hbo-raad.nl/publicaties/doc_download/800-european-network-for-universities-of-applied-sciences).

Constituída pelas associações nacionais das universidades de ciências aplicadas da Holanda, Finlândia, Irlanda, Austria, Suiça, Alemanha, Dinamarca e Estónia, acolheu em 2008 o CCISP (Conselho Cordenador dos Institutos Superiores Politécnicos) como seu membro.

Sendo neste momento um movimento de muita força na defesa de Universidades com vocação em formações orientadas profissionalmente representa o caminho que deve ser assumido de igualdade de tratamento entre dois sub-sistemas de ensino superior: o universitário clássico e o universitário de cariz aplicacional.

Esta igualdade de tratamento é muito importante no desenvolvimento de qualquer sistema de ensino superior que se quer de qualidade.

Único nos seus direitos e deveres, diverso nos objectivos a alcançar.

Em Portugal seria muito importante que na organização do nosso ensino superior não se perdesse este “comboio” que já circula a uma velocidade considerável e que, ao mesmo tempo que se clarifica as diferenças nos objectivos, se assumisse a igualdade de direitos e deveres entre os nossos dois sub-sistemas.

Começar por assumir que os Institutos Politécnicos são Universidades de Ciências Aplicadas seria um primeiro simples, mas muito importante, passo.